Cuando me obsesiono con algo, no hay vuelta atrás. Así empecé con la música y a estas alturas es lo primero en mi vida.
No sé cómo he llegado hasta aquí, mis pies marchaban solos, mi cerebro no les dictaba orden alguna, mi corazón palpitaba con fuerza y mis pasos seguían su ritmo frenético.
Así que aquí me hallo, sentado en un banco de piedra en el claustro, mirando como brota el agua de la fuente que hay en el centro, como un corazón desgarrado que no consigue dejar de llorar. La música de las gotas de agua repicando sobre la fría piedra es una de las más inspiradoras que existen.
El cielo brilla limpio y azul, la fuerza del sol anuncia que el invierno está llegando a su fin. Parece mentira que ya esté acabando el que ha sido el invierno más solitario y a la vez menos frío de mi existencia. Porque en la ciudad donde nací a estas alturas la nieve aún cubre las calles y brilla en los picos de las montañas.
¡Ay, cuánto añoro esa tierra! Pero fue mi decisión dejarla, es mi futuro el que está en juego. Añoro a mis padres y a mis hermanos, a mis compañeros del conservatorio, a mis amigos y confidentes Ingvarr y Ari... Suelo escribirles tan a menudo como me es posible para contarles mis aventuras y desventuras si es que así se puede hablar de lo que acontece en mi vida en el continente.
Cuando ya había perdido la noción del tiempo, he escuchado cerrarse con estruendo una puerta, he alzado la vista y ahí... ahí estaba ella de nuevo.
23.7.08
Obsesión
tags Björn's story
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 tazas de té:
Publicar un comentario en la entrada